DENUNCIA

 

BBC  -  ORF:

La manipulación de la Historia

 

Jorge Mª Ribero-Meneses

 

Una de las conclusiones más dramáticas a las que puede llegar un ser humano, es la de que la honradez brilla por su ausencia, tanto entre aquellos que nos gobiernan como entre aquellos a quienes cabe el honor y la alta responsabilidad de enseñar a los demás. Porque cuando se descubre que la mentira y el engaño no son la excepción sino la regla del comportamiento de aquellos que, en definitiva, rigen y dirigen a la sociedad, la propia fe en el género humano se resquebraja y una desazonante sensación de impotencia y de desaliento se apodera de nosotros.

 

Veintitrés años de exhaustivas investigaciones históricas me han enseñado, dolorosísimamente, que la versión de la Historia que de dos mil años a esta parte se ha ido transmitiendo, celosamente, de generación en generación, es un cúmulo impresionante de mentiras en el que resulta difícil encontrar algo que no se haya visto manipulado y tergiversado. Y es que, al igual que hemos podido constatar recientemente en el delirante y aberrante episodio de la guerra de Irak, es una constante de la Historia la de que todos aquellos que han copado y ocupado el Poder han convertido a la verdad en una herramienta más al servicio de sus intereses, haciendo con ella lo que les ha venido en gana y supeditando a su conveniencia lo que el conjunto de la sociedad debe y no debe saber y conocer.

 

Suelo repetir, para asombro de quienes me escuchan, que TODO cuando se nos ha enseñado desde la infancia tanto en relación con la Historia como respecto a la Religión, es absolutamente falso y que, por consiguiente, todo nuestro edificio intelectual se asienta, no ya sobre los pilares de la ignorancia sino, lo que es muchísimo más grave, sobre los del error. Porque quien no sabe nada, está abierto a recibir sin reservas el maná del conocimiento, mientras que quien cree saber algo se aferra a ello desesperadamente, hasta el punto de estar dispuesto a sacrificar su vida por la defensa de esas ideas y creencias que le han acompañado desde su infancia. En realidad, la mayoría de las guerras que ha padecido la Humanidad han tenido ese caldo de cultivo. O mejor debería decir que siguen teniéndolo, si pensamos en el despropósito de Oriente Medio, con Árabes y Judíos desangrándose en la disputa por una supuesta Tierra Santa que tiene tanto de Histórica y de Santa como puedan tenerlo Corea o Senegal, al no haber sucedido en ella nada de cuanto se dice que ocurrió hace dos milenios. Es decir, que centenares de miles de seres están perdiendo su vida en aquella región, por una mentira que ha arraigado con tal fuerza, que todos o la mayoría están dispuestos a dar su vida por ella. Resulta desolador.

 

Los Europeos solemos presentarnos como los individuos más civilizados del planeta, incapaces de caer en los fanatismos y en la visceralidad de otros pueblos menos desarrollados cultural y económicamente..., lo que no ha sido óbice para que las guerras más sangrientas y crueles que ha conocido la Historia hayan tenido a Europa como escenario. En consecuencia y precisamente por esa aureola de defensores a ultranza de la Libertad, de la Democracia, de la Justicia y de los Derechos Humanos de la que nos hemos rodeado los pueblos de la Europa Occidental, las gentes del resto del mundo dan por supuesto que existe un celo parecido, entre los Europeos, por profundizar en la búsqueda de la verdad y, se sobrentiende también, por defenderla hasta las últimas consecuencias.

 

Es cierto que a lo largo de la Historia algunos rarísimos intelectuales europeos han consagrado sus vidas a la búsqueda de la verdad, llegando incluso a dar su vida por defenderla (Miguel Servet, Giordano Bruno...), pero esos adalides de la supremacía de la Razón sobre todas las cosas han sido seres excepcionales a los que la mayoría de los Europeos ni siquiera conocen y cuyo compromiso ejemplar con la defensa de la verdad ha tenido escaso seguimiento en un continente que ha vivido encenagado, durante la mayor parte de su historia, en el lodazal de los fanatismos religiosos y nacionalistas. Lodazal del que, por desgracia, todavía no ha salido.

 

 

 

La formación de Europa

 

Dos de las cadenas de Televisión más solventes del mundo, la británica BBC y la francesa ORF, han producido un extraordinario documental sobre el proceso de formación del continente europeo, reconocido con acierto como el más singular y diverso de todo el planeta. Documental en el que con mayor o menor rigor se trata de reconstruir la fascinante historia geológica de Europa desde hace centenares de millones de años, cuando -se dice- este continente permanecía fundido al americano a la altura del Ecuador y gozando, por ende, de un clima en consonancia. La deriva de los continentes desgajaría a Europa del bloque continental del que formaba parte, produciéndose a partir de ese momento su bien conocido distanciamiento de América, por mor del progresivo ensanchamiento de la fosa formada por el Occéano Atlántico (Océano -sinónimo de Occidente- es un término incorrecto).

 

Construido el documental en cuestión -Europa Salvaje es su título- desde una óptica netamente gala y anglosajona, se da por sentado que la Península Ibérica formaba parte de África y que el progresivo acercamiento de este continente al europeo fue el que dio origen a la eclosión del Macizo de los Alpes y de toda la cordillera que recorre el Norte de España, desde Cataluña hasta Galicia, y cuyo nombre genérico fue siempre el de Montes Perineyos o Pirineos. Todo lo cual es rigurosamente cierto, salvo en un punto fundamental: la Península Ibérica tiene un origen insular y todos los estudios que se han realizado la sitúan fundida también, originariamente, al continente americano, bien que no a la altura del Ecuador sino de la costa septentrional de Norteamérica. Desde aquella posición originaria, Hiberia = Hespania habría navegado al pairo por el Atlántico, hasta quedar varada entre África y Europa. De todo lo cual no se dice una palabra en tan riguroso, serio... y costoso documental. No es, pues, África la que choca con Europa, sino la antigua ISLA de Hiberia la que lo hace, empujada por el Sur por el continente africano. Lo que dará lugar al levantamiento del Macizo del Atlas que recorre El Magreb y cuyo verdadero nombre es Duris. El denominarlo Atlas es fruto de la ignorancia de los geógrafos griegos, obsesionados por aplicar al reducidísimo mundo que ellos conocieron, los nombres de lugares que les había legado la Antigüedad y que tan importante papel jugaban en todas las fábulas mitológicas.

 

Si como sesgadamente pretenden los autores de Europa Salvaje, la Península Ibérica hubiese formado parte de África, entonces la impresionante cordillera que se yergue sobre toda la fachada Norte de este continente, en su confluencia con España, no tendría ningún sentido. La única explicación de su eclosión es precisamente ésa: la de que se produjo una doble colisión, de África con Iberia y de ésta con Europa. La peyorativa expresión francesa "África comienza en los Pirineos", es pues absolutamente inexacta. Por lo menos desde el punto de vista geológico... Como ese choque no se produjo a lo largo del resto del litoral norteafricano, de ahí el que las cadenas montañosas brillen por su ausencia en él. La cosa no puede ser más clara... y obvia.

 

 

 

La extinción de los dinosaurios

 

Aparece también en el documental al que me vengo refiriendo, el manido asunto de la extinción de los dinosaurios. Enigma que los sabios en la materia han despachado con una simpleza que produce pasmo, dando por sentado que la causa de ese exterminio fue el tan traído y llevado meteorito que cayó sobre el litoral centroamericano. Nunca podré comprender cómo la onda expansiva de ese espantoso choque acabó con los dinosaurios solamente y no con todas las formas de vida animal, terrestre, del planeta. Que habría sido lo lógico. Esa explicación me parece, pues, una auténtica estupidez que, ocioso es decirlo, no me creo en absoluto. Huelga decir, también, que en Europa Salvaje se da este hecho como una verdad científicamente probada. Lo que es totalmente falso. Otra mentira más. La prueba de que los dinosaurios no es extinguieron sino que evolucionaron, nos la ofrece el hecho de que  aves, reptiles y, sin duda, otras especies animales más, tengan su origen en ellos. Algún investigador ha apuntado, incluso, la posibilidad de que todos los antropoides seamos descendientes suyos, lo que no me parece absolutamente nada descabellado.

 

 

 

Los primeros Neanderthales

 

Como profundo ignorante que soy en la materia, no entro a cuestionar cuanto en el documental se dice sobre la formación de Europa y sobre el porqué de los períodos glaciares, aunque el sentido común me indica que muchas de las cosas que se están proponiendo como verdades científicas a ese respecto, no lo son en absoluto. Como son, en este caso, rotundamente falsas, todas las dogmatizadas teorías hoy en boga respecto a la extinción casual y accidental de los primeros pobladores de Europa, los denominados hombres de Neanderthal. Tesis que suscribe y que da como probada el documental al que me vengo refiriendo, cuando lo único cierto y probado a este respecto es que los Neanderthales más antiguos aparecen en el Norte de España, primero en Atapuerca y más tarde en la asturiana Cueva del Sidrón. Y que los más modernos, los últimos individuos conocidos de esta especie, están documentados en la propia Península Ibérica, aunque en este caso en el Sur, en Andalucía.

 

Cuando inicié mis investigaciones en el año 1984, era un dogma antropológico que los Neanderthales eran nuestros antepasados directos y que nosotros éramos la consecuencia de la evolución de esa especie. Un desatino de proporciones catedralicias contra el que bramé en solitario durante años..., hasta que poco a poco todos los antropólogos del planeta han acabado suscribiendo mi tesis y negando ese parentesco. Sin embargo y siempre por puro sentido común (existen todavía hoy en el planeta Neanderthales puros), hacia 1990 maticé mis tesis iniciales y empecé a defender que había existido una hibridación entre Sapiens y Neanderthales y que los Europeos u Occidentales somos el fruto de ese cruce. Cruce que era inevitable en el momento en que se produce la colonización de Euroasia por los Sapiens o Cromagnones originarios del Norte de España, con partidas de hombres y mujeres en las que el fallecimiento de éstas por causa de los partos (principalmente) y de otras enfermedades, acabó abocando a aquellos colonizadores masculinos a recurrir a las hembras de las diferentes especies de homínidos, como único medio de satisfacer su desbocado apetito sexual. Como los conquistadores españoles en América, no tenían opción: o cruzarse o privarse. Ocioso es decir que la inmensa mayoría optó por lo primero y ocioso es decir, también, que esos cruzamientos prosperaron. La pervivencia de nítidos rasgos neanderthales en las facciones y en la anatomía de muchos hombres modernos, lo está proclamando a gritos.

 

Tras haber acabado suscribiendo mis tesis cuando negaba todo vínculo entre Sapiens y Neanderthales, la comunidad científica se instaló en esa idea y ha venido negando, desde entonces, que el cruce entre ambas especies hubiera llegado a materializarse. Lo que ha hecho que durante muchos años y salvo rarísimas excepciones, haya vuelto a encontrarme en solitario en la defensa de nuestro parentesco con esa familia de homínidos que es, en definitiva, la formada por los Neanderthales. Todo ello hasta que en el otoño del año 2006, diferentes estudios genéticos hayan vuelto a darme aplastantemente la razón, al demostrar que efectivamente se produjo ese cruce entre nuestros antepasados directos y los neanderthales y que, coincidiendo plenamente con mis tesis al respecto, esa hibridación se había producido hace alrededor de 40.000 años. Es decir, en el momento en que se materializa la expansión del homo sapiens u hombre cantábrico por todo el planeta.

 

Ni una palabra se dice en Europa Salvaje respecto a que fuese España la cuna de los Neanderthales. Se ignora también la enorme cantidad de individuos de esa especie que parece haber poblado la Península Ibérica y que tan patente queda en los rasgos de muchos Españoles y, sobre todo, en su estatura. Ésta es sensiblemente menor a medida que se avanza desde el Norte hacia el Sur de la Península Ibérica. Está ampliamente documentado que todavía hasta época romana, las gentes del Norte de España, como los pueblos hermanos del Sur de Francia, se destacaban por su impresionante estatura, que tanto pavor producía entre los legionarios romanos y que coincide con uno de los rasgos más característicos de los primitivos Sapiens o Cromagnones...

 

 

 

El origen ""africano"" del Homo Sapiens

 

Al hilo justamente de la procedencia de los primeros Sapiens, los Arqueólogos y Antropólogos galos y anglosajones que han confeccionado el guión de Europa Salvaje, vuelven a mentir abiertamente y, por ende, a burlarse de los millones de personas que, con el ánimo de aprender, están viendo esa serie documental, al repetir la sandez tántas veces escuchada en estas últimas décadas, de que los primeros Homo Sapiens llegaron a Euroasia, desde África, hace alrededor de 40.000 años. ¿Cómo puede sostenerse semejante ESTUPIDEZ, cuando tanto por sus creaciones artísticas como por los análisis del ADN está abrumadoramente demostrado que los más antiguos Sapiens conocidos habitaron en el Norte de la Península Ibérica? ¿Cómo puede predicarse tamaña MAMARRACHADA cuando basta un coeficiente intelectual del 20% para entender que los Sapiens por antonomasia, que son los Europeos Occidentales, no pueden en modo alguno ser originarios del continente africano? ¿En qué cabeza humana cabe que unos negros africanos dotados de todos los rasgos faciales que les son característicos, iban a llegar a Europa hace cuarenta mil años y a convertirse, como por arte de birlibirloque, en individuos de piel rigurosamente blanca, ojos claros y cabellos rubios y pelirrojos, perdiendo al mismo tiempo en esa mágica metamorfosis el prognatismo, los arcos ciliares y la nariz ancha que tan característicos son de los negros africanos, así como de todas las especies homínidas que han poblado la Tierra, incluido el archieuropeo hombre de Neanderthal? ¿A qué besugo ha podido ocurrírsele semejante despropósito, defendido hoy con verdadera pasión por el 99% de los antropólogos del planeta? ¿Acaso los sucesivos hallazgos de homínidos con millones de años de antigüedad no han probado ya hasta el hartazgo que esos rasgos a los que acabo de referirme se han mantenido constantes desde los más remotos fósiles de antropoides conocidos? Y si eso es así y sabemos, por consiguiente, que serían necesarios muchos millones de años para que esos rasgos y otros en la misma línea llegaran a alterarse, ¿cómo puede sostenerse desde una posición de racionalidad que unos negros africanos se convirtieron en Suecos de la noche a la mañana, apenas pisaron suelo europeo? ¿Se puede ser más necio de lo que con tamaños planteamientos están demostrando ser cuantos década tras década y siguiendo la estela de Mr. Darwin se empecinan en sostener semejante aberración? Aberración tanto mayor cuanto que todos los fósiles humanos que se vienen descubriendo en África, con antigüedades que oscilan entre los 150.000 y los 50.000 años, son un auténtico calco de los negros africanos actuales. Lo que demuestra que NO han evolucionado un ápice físicamente y que mantienen, constantes, los rasgos de sus antepasados. ¿Habrá alguien tan descerebrado como para pretender que los negros que permanecieron en África se quedaron tan cual, en tanto que los que, supuestamente, viajaron a Euroasia "mutaron" (sin duda por intervención divina) para convertirse en unos individuos que sólo en el blanco de los ojos se asemejan a sus supuestos ancestros africanos?

 

 

 

Al servicio del Poder

 

Que la idiotez domina el mundo actual lo sabemos todos aquellos que, muy a duras penas, vamos consiguiendo librarnos de ese contexto general de estupidez y de ausencia de honradez en el que se mueve la sociedad contemporánea, sometida al imperio de una clase política absolutamente impresentable, a cuyo abrigo medra una legión de paniaguados dispuestos a hacer y a decir lo que sea para poder seguir ordeñando las generosas ubres de los Presupuestos Públicos. Por eso y porque la consigna que hoy se ha impuesto a quienes quieran seguir bebiendo de las ubres del Poder es la de que no existen razas y que todos somos idénticos, se sigue predicando la memez de nuestro origen africano, en la misma medida que se procura enmudecer a quienes arremetemos contra tanta MENTIRA y contra tanta idiotez y llamamos a las cosas por su nombre, sometidos sólo al imperio de la RAZÓN. La búsqueda de la verdad, en todos los órdenes, es la que nos define como seres humanos y, por lo que a mí respecta, nada ni nadie conseguirá jamás que me aparte ni un milímetro de ese camino. Que es el único, por otra parte, que justifica plenamente el hecho de vivir.

 

La estupidez de quienes nos gobiernan ha confundido las cosas hasta el extremo de pretender que el hecho de desvelar la verdad sobre nuestros orígenes puede conducir a nuevos brotes de racismo, similares a los tristísimos que ha conocido la Historia reciente y que están en la mente de todos. Nada más alejado de la realidad, por cuanto lo que de mis investigaciones se desprende es que todos los habitantes del planeta estamos mezclados, en mayor o menor proporción, con las distintas familias de homínidos que han poblado la Tierra. Los Euro-Indios con aquellos a los que llamamos Neanderthales, los Africanos con aquellos a los que conocemos como Erectus y los Asiáticos Orientales con otra familia distinta de Erectus, que medró en el extremo oriental del continente euroasiático, allí donde las oleadas migratorias de hombres occidentales o sapiens llegaron en muy escasa medida. ¿Qué racismo cabe cuando lo que se está diciendo es que aquella raza pura con la que soñaban los Nazis es algo que pasó a la Historia hace decenas de miles de años, una vez que la primera gran diáspora de la Humanidad, obligó a los primeros Sapiens a cruzarse con las hembras de todas las numerosas familias de homínidos que poblaban la Tierra? ¿Qué racismo cabe cuando, yendo todavía más lejos, se apunta la firmísima posibilidad de que todas las razas del planeta hayan tenido su raíz en un mismo lugar, habiendo conocido evoluciones o involuciones diferentes en las diferentes regiones del globo por las que se diseminaron?

 

Lo de la raza pura de los Germanos era tan rabiosamente estúpido como el concepto de raza única que quienes nos gobiernan están tratando de imponernos y que explica el porqué de que la mayor parte de los antropólogos del planeta -que, no se olvide este dato, viven (y muy bien, por cierto) de los presupuestos estatales- siguen defendiendo desatinos como los que vengo denunciando en estas páginas.

 

En suma, que unas veces se miente para conservar el estatus y el modus vivendi... y, otras, como en el asunto con el que cierro este comentario, por mor de este nefando espíritu nacionalista que, aunque parezca mentira, sigue presente en el comportamiento de las que se pretenden las naciones más civilizadas del orbe. Por eso y cuando los estudios genéticos a partir del ADN han probado ya, abrumadoramente también, mis viejas tesis respecto al poblamiento de las Islas Británicas por gentes originarias del Norte de España, los investigadores que han realizado el documental que protagoniza este comentario, han corrido un tupido velo sobre ese hecho y, al abordar este asunto, se han limitado a decir que las gentes que repoblaron las Islas Británicas después del último período glacial... "llegaron a través de las costas atlánticas". Cualquier cosa menos reconocer lo que la Genética ha probado en Septiembre 2006: que todos los Británicos proceden del Norte de España. Exactamente lo mismo que he venido defendiendo desde el año 1984 y que el 25 de Febrero de 1988 demostré en una conferencia celebrada en el Instituto de España de la ciudad de Londres.